En otra ocasión hemos sostenido que Arqueología y Lingüística no han de seguir rumbos paralelos, sin el menor contacto; antes bien, el mutuo apovo resultaría beneficioso para ambas ciencias, si los datos que la una proporciona pudiesen complementar las inferencias de la otra, respetándose recíprocamente sus puntos de partida y métodos empleados. Y la verdad es que, sin ser demasiado optimistas, creemos entrever ciertas razones que abonan este punto de vista.