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<title>Azafea, 1990, Vol. 3</title>
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<title>Un programa de Ética normativa</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68819</link>
<description>Desde hace algunos años, los profesionales de la Filosofía española se vienen ocupando de los procedimientos narrativos, revitalizados con anterioridad por el pensamiento en lengua francesa.El retorno o renovación del relato corresponde a una voluntad de integrar la dimensión subjetiva en las claves de una historia (Cruz, M., 1986) que, al caer en las coordenadas del aquí y el ahora, el presente, pierde sus certidumbres. La intervención de los factores intencionales en el devenir de sucesos y acontecimientos, lo externo y lo interno, obliga a revisar los métodos descriptivos, en beneficio del relato, más ajustado a los avatares o azares de lo que el hombre construye. No es de extrañar que la narración haya atraído el interés de quienes se ocupan de Filosofía moral. En cierto modo, la propuesta de una Etica narrativa (Thiebaut, C. 1986, 1988, 1990; Marinas, J.M., 1987,1990) ha entrado en las vías de algo así como una prolatio: acción de llevar adelante, extender un ámbito conocido, mas no desarrollado hasta sus consecuencias finales. Doble recurso, pues, el enseñar los límites de algo sabido para ensancharlo. La Etica discursiva ha mostrado rapidamente algunas carencias, por lo cual quienes se han obligado a denunciarlas y, a la vez, paliar sus silencios, vari más allá de la mención de las posibles ventajas del nuevo punto de vista. En este caso serán ventajas eventualmente aportadas por procedimientos alternativos o complementarios. Un programa abre siempre perspectivas, cuyos resultados aún no se pueden valorar en términos absolutos, por ello sólo voy a hacer algunas acotaciones que no afectan a la intención global de una Etica narrativa, sino a algunos aspectos totalmente secundarios. Un programa, una vía abierta, como toda calle, se traza en varias direcciones, según el autor y la intención especial con que se acerque a la narración y sus rendimientos, por lo cual está sujeto a la sorpresa que depara toda Einbahnstrasse.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Una dialéctica del eros en «Amor y Pedagogía»</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68818</link>
<description>En torno al año 1900 andaba don Miguel de Unamuno enfrascado en la escritura de un libro muy interesante: «Amor y Pedagogía». El día 1 de febrero de 1902 el manuscrito está terminado y el autor lo envía a Barcelona a su amigo Santiago Valentí Camp para que lo entregue al editor Henrich. Después se vio obligado a componer un «Epílogo», y aun más, unos «Apuntes para un tratado de cocotología» y un «Apéndice», hasta completar las 272 páginas que, según él, le pedía el editor.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Kant, visto por E. Castelar</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68817</link>
<description>Castelar pudo entrar en contacto con Kant en sus años de estudiante universitario (1848-1854), tanto por el programa oficial de sus estudios, como por el propio ambiente en el cual, probablemente, se manejarían las traducciones francesas de las obras de Kant realizadas por Jules Barni. Aunque, pensamos, más le debieron valer diversos manuales de la época, procedentes del francés o castellanos, y algunos artículos periodísticos. Con posterioridad, dispondría de las versiones españolas de José de Perojo, traducidas en su mayor parte del francés.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Epistolario Unamuno-Dr. Turró</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68816</link>
<description>Me voy a limitar únicamente a editar aquí las cartas que se cruzaron entre ellos; sin entrar, por tanto, en un análisis valorativo de puntos de convergencia o discrepancia en el pensamiento de ambos. Quiero hacerlo así porque me he comprometido en la preparación del Epistolario de Unamuno; tarea imposible de llevar a cabo, sin la gentileza y la ayuda desinteresada de cuantos guardan las Cartas de Unamuno; cartas que generosamente me van proporcionando. Mi agradecimiento, en este caso concreto, al profesor Carlos Basions i Vivanco, de Barcelona, y al nieto mayor de don Miguel, el Dr. Miguel Quiroga Unamuno, de Gijón, que ha puesto todo su interés en ello, para que todos podamos un día conocer mejor al que fuera su abuelo materno.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Un texto de Ángel Amor Ruibal</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68815</link>
<description>El pensador compostelano Angel Amor Ruibal, que desarrolla su actividad fundamentalmente en el primer tercio del siglo XX, es polifacético: teólogo, filósofo, jurista, filólogo. El aspecto filosófico es, sin duda, de lo más relevante tanto por la amplitud de sus pretensiones como por la originalidad y profundidad de sus concepciones. El texto que presentamos se refiere a su filosofía. Aunque ya fue publicado en el volumen IX de la principal obra del autor «Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma», resulta difícil su manejo por estar agotada la obra desde hace bastantes años. El editor de las obras postumas del pensador compostelano lo incluyó en IX, 15-113 con claras vacilaciones. Por nuestra parte, hemos podido comprobar que las dudas eran fundadas, pues forma parte de un escrito todavía inédito titulado «El conocimiento nocional y analógico de Dios», y su inclusión en el vol. IX de PFD es inadecuada. Lo anterior se comprueba claramente cotejando el Inédito con el vol. IX.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Tanatología Ferrateriana</title>
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<description>Este artículo pretende recoger el cuerpo central de la filosofía de J. Ferrater Mora, que él mismo califica de 'integracionismo' y que supone un intento suyo de madurez de crear un pensamiento original, si no sistemático, si «coherente y concertado». Nosotros lo seguimos al hilo de la cuestión de la muerte: un concepto analógico, para Ferrater, que puede ordenar la realidad entera y, por tanto, el filosofar sobre ella.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Salvar a Fichte en Ortega</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68813</link>
<description>Realmente, el título no promete mucho. Acaso una variante más, y sin interés, dentro de la fúnebre y aburrida liturgia académica que se oficia regularmente en el osario de los clásicos. Estamos, sin duda, ante un trabajo «alimenticio», destinado a engrosar un expediente profesional que ha de ser nutrido cada año y que, conforme se acrecienta, se convierte también en cementerio de mejores intenciones. Pero quizá la cosa no sea tan grave y esa primera impresión se deba, más bien, a lo que Ferrâter Mora ha señalado como la perversión sufrida hoy día por las palabras, que nos hace caer inevitablemente en aquellos espejismos que nosotros mismos hemos producido.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Dialéctica y simbolismo en Kant</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68812</link>
<description>Desde hace muchos años (la tesis de doctorado) viene preocupándome el tema de la dialéctica y la suerte de ese tópico en el correr de la historia de la filosofía. La reciente publicación del libro de Isidoro Reguera sobre La Lógica kantiana me ha incitado a volver sobre el tema kantiano de la dialéctica.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Los Nuevos Ensayos. Ensayo de un diálogo pretendido</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68811</link>
<description>La lectura de los Nuevos Ensayos sobre el Entendimiento Humano de Leibniz supone el encuentro con una obra de madurez, redactada entre el verano de 1703 y enero de 1704. A estas alturas de su vida, Leibniz tiene plenamente desarrollado su sistema, y, sin embargo, sorprende que esta obra no sea una exposición sistemática de su pensamiento. La sorpresa procede, en primer lugar, de su estructura y articulación, y, en segundo lugar, de la finalidad de su escritura. Los Nuevos Ensayos no transcriben el sistema de Leibniz en su orden estructural, sino siguiendo el orden expositivo del Ensayo sobre el Entendimieto Humano de Locke. Así pues, los Nuevos Ensayos, siguiendo la obra de Locke, además del Prefacio, está dividida en cuatro libros, dedicados respectivamente al estudio del problema de lo innato, las ideas, el lenguaje y el conocimiento. La propia estructura delata claramente lo que en el Prefacio confiesa Leibniz: beneficiarse del trabajo ajeno, y no sólo para disminuir el propio, sino sobre todo para aportar algo a lo ya escrito por aquél, lo cual siempre es más fácil que empezar desde el principio, además de beneficiarse de su reputación; era, según Leibniz, una buena ocasión para publicar algo bajo el título de Nuevos Ensayos sobre el Entendimiento Humano, consiguiendo así una acogida favorable para sus pensamientos, el ponerlos en tan buena compañía.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Tradición y novedad en el pensamiento de Miguel Sabuco: Su versión del «Conócete a tí mismo»</title>
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<description>Los lectores de Miguel Sabuco saben bien cuál es el interés de este autor por el tema del conocimiento de sí mismo. Por lo que a mí se refiere, concluida recientemente mi tesis doctoral sobre el bachiller manchego, éste es seguramente el tema que conservo más presente y que mantiene un mayor atractivo para mí. Es mi intención ofrecer aquí mi visión sobre este aspecto de la obra sabuceana, en lo que mantendré los mismos criterios que tuve ocasión de exponer en mi trabajo doctoral. Antes he de introducirlo con un apunte de presentación del autor: el haberme referido ahora a los lectores de Sabuco me hace recordar que éstos son —somos— muy escasos; la situación es tal, a este respecto, que se hace conveniente, incluso protocolario, comenzar cualquier estudio, y aun artículo, con tal breve indicación sobre su figura y pensamiento.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Aristóteles, De anima III, 3 Primera exploración por el territorio de la imaginación</title>
<link>http://hdl.handle.net/10366/68809</link>
<description>La imaginación es una facultad poco estudiada y escasamente valorada por los filósofos. Frente al papel esclarecedor y definidor de la razón y a la colaboración más o menos valiosa del conocimiento sensible, la imaginación ha sido generalmente considerada como una facultad «irracional», cuyo ámbito de actuación se limitaba a lo incontrolable, a lo caótico. Lo imaginario ha sido, a lo largo de la historia de la filosofía o historia de la razón, algo carente de consistencia ontológica en tanto que indeterminado, indefinible y, por ello, reducido al plano de lo que debe quedar oculto.
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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<title>Editorial</title>
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<title>Índice</title>
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<dc:date>1990-01-01T00:00:00Z</dc:date>
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