| dc.description.abstract | [ES]Paradójicamente, nos encontramos en una isla dentro de otra isla. La primera ha
sido modelada por el río Tormes con los siglos. La segunda se ha gestado en la
mente del artista. La isla de Chema Navares es un lugar imaginario, un lugar de
reflexión. Pero ambas tienen en común que hablan de la erosión por el paso del tiempo.
Podemos entender una isla como un paraje ideal, como un territorio paradisíaco.
También como el lugar de un naufragio, de supervivencia y, sobre todo, de soledad,
donde la percepción del tiempo se distorsiona: se alarga o se contrae en función de
nuestra experiencia en dicho espacio. Un lugar en el que a veces, lo transitable se
torna abrupto, y lo áspero se convierte en esperanzador.
A lo largo de esta propuesta expositiva, Navares nos permite como espectadores
recorrer un sendero imaginario en el que, en ocasiones, tendremos que observar a
través de una rendija, un hueco o un agujero como cuando miremos dentro de su
“Viaje al centro de la tierra” y encontremos al explorador incauto que se adentra en
las profundidades de lo desconocido. Una gruta escabrosa construida con el tronco
hueco de un árbol en el que los xilófagos han hecho bien su trabajo.
O miremos a través de “Lo quemado” que tal vez sea la reproducción ficticia de esa
pérdida que sufrimos al cambiar de etapa o de estadio. Ese túnel que te muestra
con desconfianza lo que hay en su final, y que mientras lo atravesamos, | es_ES |