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Título
Ecos de una memoria de algo que ya ha cambiado por completo
Autor(es)
Director(es)
Palabras clave
Paisaje
Posmoderno
Modernidad líquida
Landscape
Postmodern
Liquid modernity
Ciberpunk
Memoria
Fosfofluorescencia
Cyberpunk
Memory
Phosphofluorescence
Clasificación UNESCO
6203.07 Pintura
Fecha de publicación
2025-07-07
Resumen
[ES] El individuo ha cambiado y, con ello, el paisaje que lo define. Los entornos se han convertido en un eco de algo que ya no recordamos, pues con una sociedad líquida y en constante aceleración, el cambio se muestra como la propia definición del todo, y la memoria se convierte en el último vestigio de esa fugacidad. Las estructuras del individuo influyen en la manera de percibir un paraje que, a causa de las acciones que se ejercen sobre él, parece precipitarse hacia la muerte de una especie de mundo Cyberpunk. Sin pensarlo, caminamos sobre residuos de un lugar que alberga entierros bajo su tez, entierros de monumentos abandonados que ahora son abono para la construcción de otros nuevos en la ciudad: el gran Frankestein. En mis viajes he observado los ecos de una memoria de algo que ya ha cambiado por completo, los titanes de un recuerdo sobre un sueño de un futuro pasado. El mundo, tras el deseo moderno del progreso, ha dejado tras de sí un lugar residual. Entonces, aparecen cuatro entes en los parajes, los 4 jinetes del apocalipsis del paisaje. Estos surgen en forma de monumentos de elogio al sueño modernista, muros, que nos separan del entorno, oasis artificiales que nos concentran en un mundo de pantallas y, por último, el apagón. Recuerdo cómo las pantallas se sumieron en una oscuridad momentánea, pasamos a conectarnos con nuestro mundo físico de nuevo. Entonces, ¿Podría decirse que es posible que hubiese nacido un nuevo paisaje?
[EN] The human being has changed, and with it, the landscape that defines them. Environments have become an echo of something we no longer remember, because in a liquid and constantly accelerating society, change is the very definition of everything, and memory becomes the last vestige of that transience. The structures of the self influence the way we perceive a place that, because of the actions exerted upon it, seems to be rushing towards death in a sort of Cyberpunk world. Without thinking, we walk on the remains of a place that harbours burials beneath its surface, burials of abandoned monuments that are now fertiliser for the construction of new ones in the city: the great Frankenstein. In my travels, I have observed the echoes of a memory of something that has already changed completely, the titans of a memory of a dream of a past future. The world, in its modern desire for progress, has left behind a residual place. Then, four entities appear in the landscapes, the four horsemen of the apocalypse of the landscape. These take the form of monuments praising the modernist dream, walls that separate us from our surroundings, artificial oases that trap us in a world of screens and, finally, the blackout. I remember how the screens were plunged into momentary darkness, and we reconnected with our physical world. So, could it be said that a new landscape was born?
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