| dc.description.abstract | [ES] El objetivo general de esta investigación es analizar los procesos de constitución del imaginario que impulsó el daño social por parte del poder político en el marco discursivo y normativo instituyente de la Revolución cubana entre 1952 y 1980. Partimos de un apartado teórico transdisciplinario que desarrolla dos líneas fundamentales: 1) la ingeniería social masiva y el control del Estado (criminología crítica, pánico moral, daño social, instituciones totales y anomia); y 2) el uso utilitario de los imaginarios (imagen, imaginario social instituyente, doctrina, nación y nacionalismo. Aplicamos un enfoque cualitativo de procesos con varias técnicas de la investigación: el método histórico, minería de textos (TF-IDF, bigramas, matriz de co-ocurrencia y frecuencia de palabras) y análisis de contenido a un universo de 536 discursos de Fidel Castro, entre el primero de enero de 1959 y el 30 de octubre de 1980, a más de 300 ejemplares de algunos de los principales medios de prensa (dos periódicos y un semanario) de la época (Diario de la Marina, Noticias de Hoy y Bohemia), con el acompañamiento de la revisión de literatura científica secundaria. Concluimos que el imaginario que impulsó el daño social fue una herramienta oportunista y manipuladora al servicio de una sociedad política comunista. Su marco de acción descansaba bajo dos premisas fundamentales desplegadas entre 1952 y 1980: 1) la doctrina política del hombre fuerte; y 2) la disputa imaginaria alrededor de la Revolución única. Argumentamos que el imaginario que impulsó el daño social se acentuó en un espacio de constantes disputas ideológicas y en medio de dispositivos de domesticación: primero, con el objetivo de etiquetar al otro, y segundo, de consolidar la condición del nosotros bajo un paradigma moralizante amparado en el manto de la legalidad nacionalista. A través de la comunicación política se instauró una matriz estigmatizante, que produjo categorías coyunturales y vació de sentido las individualidades de las personas alienadas por el control social y afectó el papel de las familias como último reducto de resistencia. Las barricadas morales impusieron la imagen del excluido social como un sujeto errante y alienado, en una sociedad que a la par justificaba los excesos del poder bajo una atmósfera totalizante. | es_ES |