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dc.contributor.advisorNevado Batalla Moreno, Pedro Tomás es_ES
dc.contributor.authorLópez Lago López Zuazo, Manuel
dc.date.accessioned2022-05-05T10:57:28Z
dc.date.available2022-05-05T10:57:28Z
dc.date.issued2021
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/10366/149524
dc.description.abstract[ES] El 11 de septiembre de 2001, no de los terroristas más buscados de entonces, Osama Bin Laden, sorprendía a los servicios de inteligencia americanos y de todo el mundo con la ejecución casi perfecta de un ataque planeado durante meses: las Torres gemelas de Nueva York, el centro económico del mundo, se derrumbaban una tras otras. El mundo contenía la respiración y la geopolítica mundial cambiaría para siempre. En solo tres semanas, el régimen talibán era derrocado; la posterior fase de estabilización de Afganistán pretendía ser “un desfile militar”. Una vez la seguridad fuese implementada, la democracia vendría después. Un claro error. La seguridad nunca llegó, y Afganistán es hoy el país más azotado por el terrorismo del planeta. La aparición de nuevas formas de “hacer la guerra” ha experimentado una notable evolución. Si bien la guerra es una continuación de la política y este postulado, como argumenta Clausewitz, es invariable, la “manera” de hacer la guerra ha variado continuamente, especialmente en los últimos años. Afganistán, ciertamente, ha sido un escenario en el que las nuevas formas de hacer la guerra han sido una clave en el fracaso del proceso de estabilización. La pregunta que se hacen historiadores y expertos, después de tanto esfuerzo, es cual fue la causa de ese fracaso. La seguridad era un elemento importante en la estabilización, pero tanto o más era las distintas identidades tanto étnicas como políticas de Afganistán. Las influencias de las civilizaciones son claves para entender las identidades de las distintas zonas del mundo; entre ellas Afganistán. El contacto del ciudadano de Afganistán con los distintos “imperios” invasores ha moldeado la identidad política de la mayoría de sus ciudadanos y, paradójicamente, ha supuesto que exista una falta evidente de identidad nacional común. La diversidad de Afganistán en cuanto a etnias supone que sea un país muy heterogéneo en ese sentido. La etnia, la lengua, la religión y la cultura son elementos definidores del nebuloso concepto de nación; si existe mucha diversidad, como es el caso afgano, también existe una cuantiosa pluralidad en la identidad política. Así, es más complejo implementar una estrategia pos conflicto en aquellos lugares como Afganistán en el que existen enfrentamientos históricos entre las distintas identidades políticas. La política de identidad empezó a tomar relevancia durante la segunda mitad del siglo XIX y tiene un gran protagonismo en esta tesis. La política de identidad se basa en búsqueda de reconocimiento de un determinado grupo como una comunidad significativa que influye en la política de una comunidad e incluso de un Estado. En Afganistán, las identidades políticas entran en conflicto con los valores occidentales que se basan en el imperio de la ley, los derechos humanos, el rendimiento de cuentas de los políticos y la participación política de sus ciudadanos. Esta forma de entender el funcionamiento de un Estado y la relación con sus ciudadanos se intentó exportar a Afganistán después de los Acuerdos de Bonn en el año 2004. Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos afganos compartían como identidad política el derecho de la costumbre, representado por la ley Sharia y, en ocasiones, por una interpretación radical del Corán. Las Jirgas y las Shuras eran la referencia del ciudadano y no el parlamento o la Constitución. Así, ambas interpretaciones casi antagónicas de entender la vida política no tardarían entrar en conflicto. En el fondo, la tensión entre la identidad y democracia supuso que fueran dos conceptos irreconciliables en Afganistán. Afganistán, después de veinte años de guerra, vuelve a estar en el foco de la actualidad mundial. El posible acuerdo de paz con los talibanes supondría un claro triunfo de estos últimos; la comunidad internacional sellaría la consecución de sus objetivos políticos por medio de años de guerra asimétrica en el que miles de afganos, civiles y militares, han sido víctimas de ataques terroristas, violaciones de los derechos humanos fundamentales, etc. Si los talibanes vuelven o no al poder lo sabremos muy pronto, lamentablemente. [EN] On September 11th, 2001, one of the most wanted terrorists, Osama Bin Laden, surprised the American and worldwide intelligence services with the execution of an attack planned during months: the Twin Towers of New York, the economic center of the world, collapsed one after another. The world held its breath and world geopolitics would change forever. In just three weeks, the Taliban regime was overthrown; Afghanistan's subsequent stabilization phase was intended to be "a military parade." Once security was implemented, democracy would come later. A big mistake. Security never came, and Afghanistan is today the most terror-stricken country on the planet. The emergence of new ways of "making war" (warfare) has experienced a remarkable evolution. While war is a continuation of politics and this postulate, as Clausewitz argues, is invariable, the "way" of waging war has continually evolved, especially in recent years. Afghanistan has certainly been a scenario in which new ways of waging war have been a key to the failure of the stabilization process. The question that historians and experts ask themselves, after so much effort, what was the cause of that failure. Security was an important element in stabilization, but as much was the different ethnic and political identities of Afghanistan. The influence of civilizations is key to understanding the identities of the different areas of the world; including Afghanistan. The contact of the Afghan citizen with the various invading "empires" has shaped the political identity of the majority of its citizens and, paradoxically, has led to an evident lack of common national identity. The diversity of Afghanistan in terms of ethnicity means that it is a very heterogeneous country in that sense. Ethnicity, language, religion and culture are defining elements of the nebulous concept of nation; if there is a lot of diversity, as in the Afghan scenario, there is also a considerable plurality in political identity. Thus, it is more complex to implement a post-conflict strategy in which there are historical confrontations between the different political identities. Identity politics began to gain relevance during the second half of the 19th century and has a great role in this thesis. Identity politics is based on the search for recognition of a certain group as a significant community that influences the politics of a community and even a State. In Afghanistan, political identities conflict with Western values based on the rule of law, human rights, and the accountability of politicians and the political participation of its citizens. This way of understanding a State and the relationship with its citizens was attempted to export to Afghanistan after the Bonn Accords in 2004. However, the majority of Afghan citizens shared the value of custom as a political identity, represented by Sharia law and sometimes by a radical interpretation of the Koran. The Jirgas and Shuras were the reference of the citizen and not the Parliament or the Constitution. Thus, both almost antagonistic interpretations of understanding political life would soon come into conflict. Ultimately, the tension between identity or democracy supposed that both were irreconcilable concepts in Afghanistan. Afghanistan, after twenty years of war, is once again in the focus of world news. The possible peace agreement with the Taliban would be a clear victory for the latter; the international community would seal the achievement of its political goals through years of asymmetric warfare in which thousands of Afghans, civilians and military, have been victims of terrorist attacks, violations of fundamental human rights, etc. Whether or not the Taliban come back to power we will know very soon, unfortunately.es_ES
dc.language.isospaes_ES
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/*
dc.subjectTesis y disertaciones académicases_ES
dc.subjectUniversidad de Salamanca (España)es_ES
dc.subjectTesis Doctorales_ES
dc.subjectAcademic dissertationses_ES
dc.subjectTerrorismoes_ES
dc.subjectAfganistánes_ES
dc.subjectIdentidad políticaes_ES
dc.subjectConflictos políticoses_ES
dc.subjectTalibaneses_ES
dc.titleGobierno y posconflicto en Afganistán: la tensión identidad-democracia.es_ES
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/doctoralThesises_ES
dc.subject.unesco5906.06 Conflictos Socialeses_ES
dc.subject.unesco6310.13 Terrorismoes_ES
dc.subject.unesco5903 Ideologías Políticases_ES
dc.identifier.doi10.14201/gredos.149524
dc.rights.accessRightsinfo:eu-repo/semantics/openAccesses_ES


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