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Título
Prolegómeno hacia la "Desinformación" como concepto unificador
Autor(es)
Director(es)
Palabras clave
Tesis y disertaciones académicas
Universidad de Salamanca (España)
Tesis Doctoral
Academic dissertations
Filosofía de la información
Des-información
Historia del concepto
Teoría matemática de la información
Información semántica
Pragmática del lenguaje
Clasificación UNESCO
7201.02 Epistemología
7203.03 Metafísica, Ontología
5705.08 Semántica
Fecha de publicación
2025
Resumen
[ES] La presente tesis doctoral se embarca en una travesía filosófica profunda y ambiciosa: desentrañar la evolución del concepto de "información" desde sus raíces más antiguas hasta sus formulaciones contemporáneas, con la aspiración de proponer una concepción unificadora en un nuevo concepto: la Des-información. Cada capítulo de este trabajo representa una etapa en este recorrido, articulando una narrativa crítica que oscila entre la historia de las ideas, la semántica filosófica, y los paradigmas científicos modernos. Este enfoque permite no solo una reconstrucción rigurosa, sino también una relectura creativa del sentido profundo que ha adquirido la información en nuestro tiempo con el fin entender la necesidad de plantear un vínculo entre la transmisión de información como datos y conocimiento y el "dar forma" a lo que se manifiesta.
Es importante, desde el inicio, establecer una distinción terminológica crucial entre "desinformación" y "Des-información". La primera, con minúsculas y sin guion, hace referencia comúnmente a la difusión intencional de información falsa o engañosa, tal como se estudia en los ámbitos de la comunicación política, los medios de masas y la ética informativa. Se trata de un fenómeno pragmático-social ligado a la manipulación del contenido informativo. En cambio, la Des-información, con mayúscula inicial y con guion, constituye en esta tesis un concepto filosófico mucho más amplio y estructural. La idea de la Des-información no es opuesta a la información, al contrario, es su reverso necesario: el margen desde el cual el sentido se configura ,se fractura y se reinterpreta. En este trabajo, el objetivo de la Des-información es plantear una invitación al repensar el proceso por el cual el proceso, el flujo y la multiplicidad de los nudos relacionales existenciales se dan en relación emergente.
La obra se abre con una introducción que plantea la pregunta central: ¿Qué entendemos por información y por qué su definición ha eludido durante siglos un consenso definitivo? Desde esta inquietud, se perfila la hipótesis de que la información, lejos de ser un simple dato o contenido transmitido, ha funcionado como un concepto relacional, cargado de dimensiones ontológicas, epistemológicas, y pragmáticas. La idea de ver a la información como un diálogo conversacional entre sujetos y realidades permite, si se quiere, repensar las dicotomías que involucran el centrismo y la toma de postura en un lado de la moneda. El pensar en una conversación quiere recalcar que se requiere de una participación activa de los involucrados, sean estos sujetos u objetos, el grado de participación es igual, pero, que se representa de diferente manera.
El segundo capítulo nos invita a sumergirnos en la historia del concepto de información. Se inicia con la filosofía clásica, donde la "forma" como principio estructurador del conocimiento encuentra su lugar tanto en la teoría de las ideas de Platón como en la teoría de las cuatro causas de Aristóteles. La información, en este contexto, se manifiesta como participación en una esencia inteligible o como configuración que dota de identidad a la materia. Platón considera que conocer es rememorar las formas ideales, mientras que Aristóteles plantea que conocer es aprehender la forma como causa formal. Ambos modelos inauguran la perspectiva de que la información está ontológicamente implicada en la constitución del objeto y epistémicamente relacionada con el acto de conocer. Luego, la filosofía medieval reelabora este legado. Aurelio Agustín de Hipona concibe la informatio como imagen interior modelada por la percepción divina, mientras que Tomás de Aquino asocia el acto de informar a la actualización de la potencia inteligible de la materia. Duns Escoto y Guillermo de Ockham enriquecen el debate, destacando las tensiones entre el universalismo conceptual y la singularidad de lo sensible. Así, la información se convierte en mediación entre lo universal y lo particular, entre lo eterno y lo contingente. La discusión conceptual que se produce entre las diferentes escuelas de pensamiento resulta en un olvido de una parte de lo que consiste el concepto de información.
Al avanzar hacia la filosofía moderna, el término comienza a disolverse en nuevas categorías. René Descartes reflexiona sobre la cera como objeto cuya identidad se revela solo a través del entendimiento, no de los sentidos: una alegoría que transforma la forma en acto del pensar. John Locke, por su parte, propone que la mente es una "tabula rasa" sobre la que se imprime la experiencia, idea que será desarrollada por David Hume, quien considera que el conocimiento se funda en la costumbre de asociar percepciones. Immanuel Kant revierte esta perspectiva al afirmar que el conocimiento requiere condiciones a priori: espacio, tiempo y causalidad. La información, en este marco, es una síntesis entre intuiciones sensibles y categorías del entendimiento. La modernidad, así, convierte la información en una construcción mental que depende del marco conceptual del sujeto, marco conceptual que en último término versa sobre las capacidades mentales y la capacidad de conocer y transmitir datos. Con el paso de la modernidad, el olvido que se produce con el avance del uso utilitarista del término como resultado de la abrumadora victoria de la técnica y la gratificación que se obtiene con la misma entierra la noción de "dar forma" y, en consecuencia, la plantea como un mero intercambio de datos.
El tercer capítulo representa el núcleo del análisis conceptual. Aquí se exploran las teorías contemporáneas que redefinen la información en términos matemáticos, lógicos y computacionales. Se plantea cómo Karl Popper introduce la falsabilidad como criterio de demarcación científica: una teoría informa más cuanto mayor es su capacidad de ser refutada. Luego, se examina a Claude Shannon, cuya teoría matemática de la información revoluciona las comunicaciones al medir la cantidad de incertidumbre reducida por un mensaje. Esta noción es formal, abstracta, y desligada del contenido semántico. A su vez, Andréi Kolmogórov y Gregory Chaitin elaboran la teoría de la información algorítmica, en la que el contenido informativo se mide por la longitud del programa más corto capaz de generar una secuencia dada. La complejidad se vuelve parámetro de valor informativo. Finalmente, se presentan las críticas semánticas: Yehoshua Bar-Hillel y Rudolf Carnap intentan vincular información con significado lógico, mientras que Luciano Floridi propone una ontología de la información centrada en las estructuras de datos como entidades fundamentales del mundo. Sin embargo, estas teorías enfrentan límites: la ambigüedad, la irrelevancia y la saturación informativa desafían su alcance explicativo. Los límites que las teorías plantean, en cierto sentido, permiten prever el giro al que se pretende llegar con la necesidad de permitir una relación versátil de una concepción que permita el juego y el movimiento de un nuevo concepto.
En el cuarto capítulo se produce un viraje radical: pensar la información como fenómeno relacional, pragmático y existencial. Se adopta una perspectiva comunicacional inspirada en la teoría de los actos de habla y en la pragmática del lenguaje, destacando cómo la información no es simplemente transmitida, sino interpretada en función de intenciones, inferencias, y contextos compartidos. La noción de "terreno común" se convierte en clave para comprender la eficacia informativa. Además, se incorporan teorías sistémicas que describen la información como flujo estructurador en sistemas abiertos, capaces de autoorganización y adaptación. Finalmente, se introduce una mirada existencialista, en la que la información se entiende como expresión de la alteridad y de la responsabilidad hacia el otro. En autores como Søren Kierkegaard, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Martin Buber, Emmanuel Levinas y Gabriel Marcel, la comunicación se presenta en acto ético-existenciario que revela la subjetividad, genera sentido y revela la objetividad. La información no es solo signo ni mensaje, sino vínculo intersubjetivo. La superación de las definiciones simples y la implementación de la noción de las implicaturas conversacionales, las intenciones comunicativas, la concepción de flujo y sistema de organización no jerárquicas permite el entendimiento de "nudo relacional", idea central, que permite el desarrollo de la Des-información.
El capítulo quinto articula la propuesta central de esta tesis: la Des-información como concepto filosófico. Se redefine la información no solo por su presencia, sino por su ausencia significativa. El vacío, la ambigüedad, la saturación o la tergiversación son modos estructurales de la Des-información. Esta concepción dialógica subraya que el sentido surge en la tensión entre lo dicho y lo no dicho, entre lo que se comunica y lo que se omite. En ese marco, la Des-información se convierte en clave heurística para pensar los límites, las paradojas y las posibilidades del conocimiento contemporáneo. La necesidad de "ir más allá" de las teorías pensadas busca postular que el concepto de información no se agote en su capacidad comunicativa, sino que también es necesario pensarlo en su potencialidad en fallar, sobrecargar y distorsionar. La Des-Información como concepto que admite la ambigüedad estructural donde se puede pensar a la información con múltiples criterios claros sin una resolución absoluta y permite la saturación semántica, en la cual el exceso de información impide distinguir lo relevante, la relación, y la omisión significativa como parte activa del proceso informacional y, además, la distorsión intencionada que como construcción deliberada del significado en su quehacer permiten el fluir en un sistema complejo donde el proceso y el movimiento es la constante, siempre en relación y en emergencia.
Finalmente, la conclusión retoma el recorrido realizado, reafirmando que el concepto de información ha transitado desde las esencias eternas hasta los bits efímeros, desde las formas ontológicas hasta los flujos digitales. Sin embargo, su riqueza no reside en una definición unificada, sino en su multiplicidad de usos y significados. La tesis defiende que la información debe pensarse como una práctica compleja, situada entre el ser y el saber, entre la comunicación y la comprensión. Así, más que clausurar el debate, esta investigación invita a reabrirlo, explorando nuevas formas de habitar la era de la información desde una mirada crítica, filosófica y radicalmente humana con una perspectiva abierta, en cambio y en constante movimiento con el flujo del proceso de la Des-información.
URI
DOI
10.14201/gredos.170200
Aparece en las colecciones
- TD. Humanidades [735]
- PDF. Filosofía [80]













